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CÓMO CONTESTAR LA REFLEXIÓN ARGUMENTADA DE FILOSOFÍA EN LA PAU - SELECTIVIDAD (Universidad de Oviedo)

25 ago
4 min de lectura

Una de las preguntas que más puede desconcertar al alumnado en el examen de Filosofía de la PAU es la reflexión argumentada. No se trata simplemente de memorizar un tema ni de explicar la teoría de un filósofo. El estudiante tiene que demostrar que comprende los problemas filosóficos, sabe relacionar autores y es capaz de construir una respuesta propia y argumentada.

Veamos un ejemplo:

«Desarrolle una reflexión argumentada de alguna de las opciones A o B. (3 puntos).Opción A. ¿Es posible conocer la realidad última de lo que hay?»

¿Cómo se contesta una pregunta así?

La clave está en entender que no tenemos que improvisar una opinión personal desde cero. Tenemos que utilizar lo aprendido durante el curso para construir nuestra propia respuesta.

1. Primero: entender qué nos están preguntando

La pregunta plantea uno de los grandes problemas de la Historia de la Filosofía:

¿Podemos conocer la realidad tal y como verdaderamente es o solamente conocemos aquello que nuestros sentidos y nuestra mente nos permiten conocer?

A partir de aquí podemos empezar a relacionar autores.

Y precisamente aquí aparece una de las mayores dificultades de esta asignatura: no basta con conocer a Platón, Descartes, Hume o Kant por separado.

Hay que comprender qué responde cada uno al mismo problema.

2. Platón: la verdadera realidad puede conocerse mediante la razón

Podríamos comenzar con Platón.

Para Platón, aquello que captamos mediante los sentidos no constituye la realidad auténtica. El mundo sensible es cambiante e imperfecto.

La verdadera realidad está formada por las Ideas, que son universales, eternas e inmutables.

Por eso distingue entre:

Mundo sensible → sentidos → opinión.

Mundo inteligible → razón → verdadero conocimiento.

Desde esta perspectiva, sí sería posible alcanzar el conocimiento de la auténtica realidad, pero no mediante los sentidos, sino mediante la razón.

Ya tenemos una primera posición.

Pero ahora necesitamos contraponerla con otras.

3. Descartes: necesitamos encontrar una certeza absoluta

Siglos después, Descartes vuelve a plantearse el problema del conocimiento.

Los sentidos pueden engañarnos. Por eso no podemos utilizarlos inicialmente como fundamento de un conocimiento absolutamente seguro.

Descartes aplica la duda metódica hasta encontrar una verdad imposible de poner en duda:

«Pienso, luego existo».

Si estoy dudando, necesariamente estoy pensando; y si pienso, existo.

Desde esta primera certeza, Descartes intenta reconstruir racionalmente nuestro conocimiento de la realidad.

Tenemos, por tanto, otra defensa de la capacidad de la razón para alcanzar conocimientos verdaderos.

4. Hume: nuestro conocimiento tiene límites

Aquí podemos introducir una posición muy diferente.

Para Hume, todo nuestro conocimiento procede de la experiencia.

No conocemos una realidad situada más allá de aquello que podemos experimentar.

Incluso conceptos que normalmente consideramos evidentes, como la causalidad, no proceden de una conexión necesaria que observemos directamente en las cosas. Observamos que determinados acontecimientos aparecen repetidamente unidos y desarrollamos el hábito de esperar que vuelvan a hacerlo.

Hume introduce así una posición mucho más escéptica sobre nuestra capacidad para conocer la realidad última.

Y llegamos al autor que puede permitirnos cerrar perfectamente esta reflexión.

5. Kant: conocemos la realidad, pero no tal como es en sí misma

Kant intenta superar el enfrentamiento entre racionalismo y empirismo.

El conocimiento comienza con la experiencia, pero nuestra mente no se limita a recibir pasivamente la información.

El sujeto organiza aquello que percibe mediante determinadas estructuras.

Esto conduce a una distinción fundamental:

Fenómeno: la realidad tal y como aparece ante nosotros y podemos conocerla.

Noúmeno: la realidad tal como es en sí misma, independientemente de nuestra forma de conocer.

Podemos conocer los fenómenos, pero no podemos conocer directamente el noúmeno.

Y aquí tenemos prácticamente construida nuestra respuesta.

6. Ahora sí: elaboramos nuestra reflexión

Después de haber relacionado estos autores podemos defender una posición propia.

Por ejemplo, podemos concluir que el ser humano sí puede alcanzar un conocimiento válido y racional de la realidad, pero probablemente no puede garantizar que esté conociendo la realidad última tal y como es independientemente de nosotros.

Nuestro conocimiento está condicionado por nuestros sentidos y por nuestra propia manera de organizar la experiencia.

La ciencia nos permite conocer cada vez mejor cómo funciona la realidad observable, pero afirmar que conocemos definitivamente aquello que la realidad es en sí misma supone ir mucho más lejos.

Por ello, una posición cercana a Kant permite responder razonablemente:

podemos conocer la realidad tal y como se nos presenta, pero no podemos asegurar que conozcamos la realidad última de lo que existe.

Entonces, ¿qué hay que estudiar para contestar bien esta pregunta?

Aquí está precisamente el problema de estudiar Filosofía simplemente memorizando temas.

Un alumno puede haberse aprendido perfectamente:

Platón → Descartes → Hume → Kant

y quedarse completamente bloqueado cuando lee:

«¿Es posible conocer la realidad última de lo que hay?»

¿Por qué?

Porque nadie le ha enseñado a relacionarlos.

Para preparar correctamente Filosofía para la PAU no basta con acumular páginas de apuntes. Hay que entender cuáles son los grandes problemas filosóficos y saber qué respuesta proporciona cada autor.

En Alea Academia de Estudios Oviedo trabajamos precisamente de esta manera.

Nuestros apuntes están resumidos, organizados y muy esquematizados, porque consideramos que estudiar Filosofía no debería consistir en memorizar decenas de páginas de cada filósofo.

Trabajamos continuamente las relaciones:

Platón ↔ Aristóteles

Racionalismo ↔ Empirismo

Descartes ↔ Hume

Hume ↔ Kant

y enseñamos al alumno a identificar qué autores puede utilizar dependiendo de la pregunta que aparezca en el examen.

Además, hay una idea fundamental en nuestra metodología: repetir.

En Filosofía hay conceptos que inicialmente parecen muy abstractos: Ideas, sustancia, racionalismo, empirismo, causalidad, fenómeno, noúmeno...

Cuando están correctamente explicados, resumidos en un esquema y se utilizan repetidamente para contestar preguntas diferentes, dejan de parecer complicados.

El objetivo no es que el alumno memorice una respuesta como esta.

El objetivo es mucho más importante:

que cuando lea una pregunta nueva sea capaz de reconocer inmediatamente el problema filosófico, seleccionar los autores adecuados, relacionarlos y construir su propia respuesta.

Y eso es precisamente lo que puede convertir una pregunta de 3 puntos que inicialmente parece difícil en una de las partes más rentables del examen de Filosofía de la PAU.

 
 
 

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